Estatutos universitarios, ética y cooperación

La semana pasada se debatieron las enmiendas al proyecto de adaptación de los Estatutos de la Universidad de Valladolid (UVa). Lo que podía haber sido una magnífica oportunidad para apoyar distintas iniciativas en materia de cooperación al desarrollo se tradujo, sin embargo, en un rechazo mayoritario de las propuestas presentadas a este respecto.

El proceso de adaptación de los Estatutos de la UVa comenzó con la elaboración de un borrador inicial por parte de la Comisión de Reforma Estatutaria. Más adelante, tras las primeras modificaciones sugeridas por la comunidad universitaria, la Comisión respondió con un nuevo texto, con algunos cambios. Sin embargo, las personas cuyas enmiendas fueron rechazadas no recibieron ninguna explicación al respecto.

En una segunda etapa, algunos miembros del Claustro Universitario —el máximo órgano de representación de la comunidad universitaria— también presentaron una serie de enmiendas al borrador de la Comisión. Algunas de esas propuestas eran las mismas que ya habían sido desestimadas en la etapa anterior sin aportar ninguna razón o justificación. Finalmente, el Claustro Universitario aceptó total o parcialmente varias de esas enmiendas, pero no aquellas que hacían referencia al compromiso efectivo de la UVa con la ética y la cooperación al desarrollo. Esas iniciativas fueron rechazadas de forma mayoritaria.

Dos de esas propuestas estaban orientadas a reconocer y facilitar la participación del personal de la UVa —tanto profesorado como personal de administración y servicios— en proyectos de cooperación internacional al desarrollo. Otra enmienda pretendía corregir lo que puede considerarse un error en la redacción actual de los estatutos, más concretamente, en la disposición adicional tercera: “La Universidad de Valladolid destinará a la cooperación al desarrollo el equivalente al 0,7 por ciento anual de los ingresos por servicios no docentes”.

En relación con este último aspecto, conviene echar la vista atrás por un momento. En el año 1980, la Asamblea General de la ONU estableció como meta que se destinase el 0,7% del Producto Nacional Bruto a ayuda al desarrollo. La redacción actual de los Estatutos de la UVa no se corresponde en absoluto con los criterios establecidos por la ONU, dado que se dice literalmente: “0,7 por ciento anual de los ingresos por servicios no docentes” en lugar de “0,7 por ciento anual de los ingresos propios”. Este error ya fue corregido en las anteriores propuestas de reforma de los estatutos de 2009 y 2013.

Volviendo al debate actual sobre las enmiendas, el presidente de la Comisión justificó su rechazo alegando que, tal vez, la universidad no disponga de los recursos suficientes para mantener dicho compromiso en el futuro. Sin embargo, aquí es necesario señalar que, durante los últimos diez años y a pesar de la redacción errónea de los estatutos, la UVa sí que ha cumplido en líneas generales ese compromiso, tal como puede apreciarse en la gráfica que se incluye al final del artículo.

Desde 2009, el respaldo mayoritario de los equipos rectorales ha permitido que el presupuesto destinado a la cooperación sea suficiente para financiar diversos proyectos, cursos y talleres relacionados con la cooperación y la educación para el desarrollo, ayudas a ONG para el desarrollo de proyectos, ayudas a estudiantes para realizar prácticas de cooperación en el extranjero (PACID), etc. Sin embargo, el futuro de todas estas actividades está ahora amenazado por la nueva propuesta de adaptación de los Estatutos de la UVa.

Otra de las enmiendas que fueron rechazadas proponía la creación de un Comité de Ética en la universidad para velar por el cumplimiento del Código Ético. En realidad, el Código Ético de la Universidad de Valladolid no existe a día de hoy, a pesar de que el compromiso de elaborar dicho código figura desde hace 17 años en el artículo 135 de los estatutos aún vigentes. Si el desinterés por elaborar un Código Ético persiste, parece lógico que se haya considerado innecesaria la creación de un Comité de Ética. Sin embargo, si hay un interés real por tener y cumplir un Código Ético en la universidad, parece pertinente que se constituya una Comisión de Ética que lo impulse, actualice y responda a las cuestiones que la comunidad universitaria pueda plantear a ese respecto. En otro caso, se correría el riesgo de que el Código Ético fuese un documento meramente decorativo sin ningún valor real.

Por último, señalar que el interés expresado por el Claustro Universitario en relación con el proceso de adaptación de los estatutos ha sido más bien escaso: de los 300 miembros que componen el claustro, tan solo alrededor de 100 estuvieron presentes en los debates y votaciones. Un número que fue incluso inferior en algunas enmiendas.

En la siguiente gráfica se pueden observar en términos relativos las cantidades de:

  1. Porcentaje presupuestario real sobre los ingresos propios que la UVa ha destinado en los últimos años a cooperación internacional para el desarrollo, que se corresponde con la adaptación de las indicaciones de la ONU.
  2. Referencia del 0,7% sobre los ingresos propios, según lo aprobado por la ONU en 1980.
  3. Compromiso que figura en la propuesta actual de los Estatutos de la UVa (0,7% de los ingresos por servicios no docentes).
Gráfica 2009-2018
Fuente: elaboración propia partiendo de los datos históricos sobre Ayuda Oficial al Desarrollo de la Universidad de Valladolid.

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